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CINCO AÑOS DEL ACUERDO CHILE-UE

Por Héctor Casanueva, Vicerrector Académico de la Universidad Miguel de Cervantes y Director del Centro Latinoamericano para las Relaciones con Europa (CELARE)

 

Europa es para los demócrata-cristianos un referente fundamental. La integración europea, un proyecto político exitoso, que ha logrado mantener la paz, la cooperación y el desarrollo, es en gran medida una realización de los demócrata cristianos del viejo continente, encabezados por Adenauer, De Gásperi y contemporáneamente por Kohl, Martens, Merkel y muchos más, que lograron sumar también a las voluntades de los socialdemócratas y liberales para llegar a la hoy Unión Europea. Y fue durante los gobiernos de camaradas DC, Patricio Aylwin y Eduardo Frei, con los acuerdos de cooperación de 1990 y 1996, que se dieron los pasos fundamentales para llegar a una asociación de Chile con la Unión Europea, concretada por nuestra entonces canciller del gobierno de Ricardo Lagos, camarada Soledad Alvear, en el Acuerdo de Asociación entre nuestro país y la UE, que cumple ya cinco años de aplicación. Razones de más para hacer un balance de esta relación, que debe hacernos sentir orgullosos de haber gestionado eficientemente los estrechos vínculos con el proyecto de integración más exitoso y la primera potencia comercial del mundo.

El acuerdo de Asociación (AA) entre Chile y la Unión Europea es el convenio bilateral más amplio e innovador que se haya firmado entre un país en vías de desarrollo y una región de países desarrollados. Tan es así, que actualmente sirve de referente en las negociaciones que lleva a cabo la UE con la Comunidad Andina y con Centroamérica. Va más allá de un TLC, porque trasciende los aspectos comerciales, incorpora una cláusula democrática, y genera una sociedad basada en la coincidencia en valores comunes, como los derechos humanos, la paz y seguridad, el desarrollo sostenible y lucha contra el terrorismo y el narcotráfico. Comprende los ámbitos político, económico-comercial y de cooperación. En su ámbito económico establece un mecanismo de solución de controversias, más un conjunto de normas comunes en el comercio de bienes, servicios e inversiones, disciplinas sobre pagos y movimientos de capital, competencia, propiedad intelectual y contrataciones públicas.

La UE es nuestro primer mercado, primera fuente de cooperación y primer inversionista. Según un reciente estudio del CELARE, en estos cinco años de aplicación del AA el comercio bilateral de bienes está prácticamente liberalizado. Del 2003 al 2007 las exportaciones de Chile a la UE han crecido un 221%, y sin incluir el cobre crecen un 129%. Los envíos del sector agrícola, pesca extractiva, ganadería y silvicultura, aumentaron en un 78,8%. Las exportaciones industriales crecieron un 90,9%. El efecto del AA es evidente, ya que en el quinquenio anterior nuestras exportaciones a la UE habían crecido sólo un 4.5%. Por su parte, las exportaciones de la UE a Chile han subido un 80,4%, especialmente en bienes de consumo e intermedios. La balanza comercial es ampliamente favorable a Chile. La inversión de origen europeo en este período supera los US. 5.800 millones, es más de la mitad del total recibido de todo el mundo. Empresas europeas han participado en concesiones de obras públicas por casi US. 6.000 millones.

Chile ha recibido de la UE en estos años cerca de US.100 millones en cooperación no reembolsable, especialmente para innovación, ciencia y tecnología, desarrollo social, modernización del Estado, educación. Las universidades e investigadores chilenos han participado en más de ciento cincuenta proyectos con sus pares europeos y más de 2.500 funcionarios chilenos han recibido becas para perfeccionarse.

Hecha una evaluación por ambas partes, hay coincidencia en que el AA ha sido mutuamente beneficioso, y que corresponde proyectarlo y ampliarlo en sus alcances y profundidad. Tanto del punto de vista nacional como desde la perspectiva latinoamericana, una relación estrecha, estratégica, de largo plazo con Europa es aún más necesaria que cuando se planteó como objetivo común hace diez años en la Cumbre de Río. La actual crisis del sistema financiero internacional pone a prueba cuestiones esenciales como el rol del Estado, las políticas públicas, el énfasis social del modelo de desarrollo, materias en las que encontramos grandes coincidencias con Europa, que permiten actuar conjuntamente en el ámbito internacional para avanzar hacia un nuevo orden económico-social mundial acorde con nuestras necesidades y desafíos. Tres cuestiones son fundamentales para desarrollar en lo sucesivo nuestra relación con la UE con base en el AA: una, la necesidad de extender sus beneficios a más amplios sectores, especialmente PYMES, para fortalecer sus capacidades productivas y de gestión para aprovechar las ventajas del acuerdo. Segundo, dar un salto cualitativo en la cooperación centrándola en los temas emergentes como energía y medio ambiente, la formación de recursos humanos y la cohesión social. Tercero, establecer la llamada "asociación para el desarrollo" que consiste en actuar conjuntamente en el ámbito latinoamericano para cooperar a nivel regional en las cuestiones más relevantes del desarrollo económico, social e institucional. 

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